Capitulo IV: Tepito Invisible


El tema de la segregación o su manera amable de decirlo: “derecho de admisión”, es algo transversal a todas las dinámicas sociales. Siempre se identificarán quienes pertenecen y quienes no a un determinado lugar. Factores como la clase socioeconómica, la vestimenta, el comportamiento, la apariencia y las formas de pensar, los gustos y las prácticas sociales son diferenciadores y susceptibles tanto de ser aceptado como rechazado por determinado fenómeno social que se viva en un determinado lugar. No solo vimos diferentes de estos factores en acción sino que durante nuestra observación participante pudimos vivirla en carne propia.

Es comprensible el recelo que pueden sentir los actores sociales cuando hay alguien nuevo y éste se dedica a observar sin más. Bastantes preguntas deben hacerse en la cabeza comenzando por quiénes son, qué hacen aquí y con qué fin. Por supuesto, esto incomoda. Dos niñas observando todo y anotando en libretas es algo definitivamente curioso y en ciertas realidades respecto a la seguridad, puede ser alarmante. Aquí en la 30 solo suscita curiosidad y algo de incomodidad. La tranquilidad casi perpetua que se vive en esta zona ha hecho que sus visitantes se sientan confiados y seguros, caso que contrasta con lo evidenciado en el parque de Envigado.

Notamos como factores que afectaron la recolección de estos datos el sexo, la edad, la apariencia física ligada a la vestimenta y la condición socioeconómica. Cada uno de estos factores actúa de una manera particular en las reacciones de con quienes interactuamos. En el sexo pudimos evidenciar que si bien no es un factor de rechazo en el lugar como consumidor, pues se ven en los locales tanto hombres como mujeres, sí lo es a la hora de ser entrevistadores y recolectores de información. 

Nuestro grupo está conformado por dos mujeres y un hombre. Comparando información y la forma como fue obtenida, notamos que hay cierta diferencia  en la facilidad para obtener información y en la disposición de los interceptados. En el caso femenino, cuando las entrevistadoras/indagadores fueron mujeres,  se evidenció una mayor apertura por parte de los hombres. Todos los hombres a quienes les pedimos una entrevista, accedieron gustosos y no escatimaron en tiempo para contarnos sus historias. La apertura a que les preguntáramos fue evidente desde el primer momento. La condición de mujer, ayuda definitivamente. En contraste, al hombre del grupo le costó mucho más conseguir información y quién se la quisiera dar. Aunque en este punto entra a influir bastante el tema de seguridad en los dos lugares, fenómenos sociales favoritistas y permisivos con las mujeres se ven en el caso, por ejemplo, de no poder transportar un parrillero hombre en moto, pero sí mujer. Del mismo modo, aquella falsa creencia de que solo los ladrones son hombres y que las mujeres son más confiables en ese sentido se evidenció en ambos lugares. Aunque la seguridad en la 30 Sur era muchísimo más alta que en el parque, las personas se cohibieron más con el hombre que con las dos mujeres. Nuestros resultados y experiencias nos encaminaron a esta conclusión.

La evidencia de las mujeres se encuentra en  el momento de conseguir información sobre la seguridad de la calle 30SUR pensando en lo difícil que iba para ser para ellas ya que por un lado le quitaban a las personas tiempo de su trabajo y las podrían incomodar en el caso en que no puedan dar información o por el siempre hecho de que piensen de que la información es para fines negativos por otro lado la información de seguridad y de todos los hechos  que pasan en la calle no es muy viable que todo el mundo la sepa y más si ellas preguntarían la hora de cierre de los locales, se vería mal visto. Al llegar las mujeres empiezan por buscar a seguridad privada pero los únicos personajes que encuentran son los ayudantes de los parqueaderos VIP, van hacia uno de ellos y le pregunta desde que horas se encuentra seguridad privada y sin ningún problema el hombre responde que seguridad estaba en la calle siguiente, con una sonrisa las mujeres se retiran y el hombre las despide. Al ver seguridad privadas ellas se acercan sin ningún interés de ser coquetas para conseguir la información y sin ninguna tatica entre manos le piden permiso de entrevistarlo y el sin pensarlo dos veces dice que sí, muy amablemente responde a todas las preguntas hechas, hasta espera para ver si falta algo en la lista al final ellas quedan agradecidas y él les responde que para lo que necesiten él está a la orden. 

En otra ocasión, al comienzo del proyecto, cuando las mujeres estaban comenzando a detallar la calle, identificando su ambiente, los públicos y demás decidieron comenzar a contactar a personas del lugar. María Santos fue el lugar escogido donde afortunadamente encontraron la información que necesitaban en ese entonces, cual uno de los meseros, Alberto, les ayudo sin ningún problema. Con los días las mujeres volvieron y encontraron que Alberto estaba en otro establecimiento, Juana la Cubana, donde él las reconoció al instante, sin darse cuenta ellas habían conseguido un contacto con tan solo haberle hablado del proyecto que hacían, Alberto fue quien las ayudo a tener la entrevista con Daniel Hinestroza, uno de los propietarios de los 5 restaurantes que estaban estudiando. Daniel al escuchar sobre que se trataba todo este proyecto fue muy amable al dejarnos intervenir dentro de sus locales y empleados para conseguir la mayor información que pudiéramos, sin mucha molestia él estaba dispuesto en ese mismo momento a tomar la entrevista, ésta se fue más o menos de una hora y a él no le molestaba en absoluto el tiempo. 

Dejando la ventaja que tienen las mujeres de lado, ellas también vivieron marginación social por parte de Tepito, el restaurante mexicano. Era de noche y el lugar estaba a estallar  pero afortunadamente ellas encontraron un lugar en la barra,  casi todas las personas que están alrededor de ellas las miran con mezcla de curiosidad y recelo y pues como no lo iban a ser si tenían una libreta donde todo lo que miraban lo anotaban.  Con el pasar del tiempo, más o menos una media hora en la barra, ningún mesero las atiende  ni las determinan, tanto es el extremo que solo pasan a la barra a recoger los platos y vasos que han dejado otros clientes. Faltan 5 minutos para que se cumpla una hora de estar sentadas y las mujeres deciden irse, un mesero ve que se van y les pregunta si fueron atendidas y ellas  solo salen del restaurante.

Durante la recolección de datos que el hombre realizó debió de usar distintas técnicas para volverse más confiable para las personas en cuestión, por dicho motivo, algunas veces incluso, cambiaba su manera de hablar, de caminar o de mirar, todo para generar una empatía con el entrevistado y de ésta manera lograr realizar dicho proceso.

Al inicio, como éste no estaba muy familiarizado con el entorno sociocultural que se observaba en el parque le fue difícil mezclarse, e incluso durante sus primeros acercamientos como observador, fue observado e identificado como ajeno al parque, todo esto, mientras identificaba la dinámica social que allí se vivía. Después de ya comprender el comportamiento y los públicos allí encontrados optó por entrevistar a los encargados de  cada local que nos parecía pertinente para el análisis, identificándose como estudiante de la Universidad de Medellín y explicando su interés acerca del nombre de éste, así fue más satisfactoria la recolección de dicha información.

Respecto a la marginación como tal que éste detalló, sucedió en los dos escenarios en cuestión, pero en uno de ellos fue más notorio, mientras que en el otro, tal vez se debió a una simple confusión.

Durante la realización de las encuestas, como se mencionó en capítulos anteriores, nuestro investigador se acercó a un par de mujeres las cuales en sus rostros se notaba un poco de temor con respecto a la presencia de él, al pedir permiso para realizar las encuestas, éstas se negaron pues argumentaron que en el sector se estaba presentando “Sucesos extraños” y por dicha razón no deseaban involucrarse; Lo curioso aquí, es que nuestro investigador iba como un simple estudiante. Al lograr persuadirlas, éstas, al igual que todas las personas que entrevistó, no quisieron recibir ni el lapicero ni el papel, si no que le pidió a nuestro investigador que llenara él mismo las respuestas mientras ellos le decían. Al terminar de entrevistar a éstas mujeres, nuestro investigador recibió una llamada a su celular y éste se despidió de ellas y se alejó un par de metros, inocentemente mientras hablaba giró a ver a las dos mujeres, las cuales al parecer, notaron esto como algo sospechoso y se retiraron temerosas, claro, todo esto referente a un problema  de seguridad en la zona, que según ellas “Estaban pasando cosas raras en la zona” aunque realmente fueron las únicas que comentaron algo respecto a eso durante la recolección de datos.

En ésta misma zona, dos de nuestros investigadores tuvieron un inconveniente bastante notorio y sucedió durante sus primeras visitas. Debido a que uno de los públicos más polémicos del parque eran los borrachos, nuestros investigadores (Uno hombre y el otro mujer) se dirigieron hacia la zona donde más se reunían éstos y mientras llenaban sus libretas, varios de los jóvenes que consumían allí alcohol u otras sustancias pasaban muy cerca de ellos con la intensión de leer lo que estaban plasmando en sus libretas, claramente habían notado que éstos no pertenecían a ésta zona y debían investigar sus intenciones.

El caso más notorio de marginación para nuestro investigador se presentó en la panadería Andrés Bakery. Nuestro factor masculino de la investigación asistió al sitio con una presentación no muy apta para el sitio, sin afeitar, sin peinar, se le notaba un poco exhausto pues había terminado su jornada académica y portaba un buzo rojo y bluejean, e iba con su maleta.

Al sentarse en la panadería observó a una de las meseras hablando con una clienta o amiga que estaba sentada en una de las mesas y ésta lo observó de manera extraña, seguido de ello se inclinó hacia el interior del local y llamó a su compañero para que atendiera a nuestro investigador, el mesero fue hacia él y lo atendió amablemente. Después de llevarle el plato, éste se quedó parado en la puerta del local observando mientras éste escribía en su libreta y comía uno de sus productos hasta que llegaron otras personas y se vio obligado a atenderlo. Justo en ese instante dejó de observar a nuestro investigador.

Es posible que por la mente de éste mesero no pasara la idea de que éste fuese a asaltar a alguien, pero si le pareció bastante extraño la forma de vestir y la actitud expectante de nuestro investigador.

Mientras en el Parque que de Envigado no es muy notorio que exista una segregación mientras no se interactúe con otros actores sociales, ya que puedes ir allí con la vestimenta o el estilo que desees y no serás segregado, en la calle 30 sur, es muy posible que debas encajar en cierto tipo de cánones estereotipados referentes a la manera de vestir y comportarse.

Como se dijo en capítulos anteriores, éstos son sitios que por su estilo gráfico ya tienen un público selecto y debido a ese mismo estilo también generan una marginación hacia las personas que por su forma de ser y vestir realmente no encajarían allí, no porque se les prohíba la entrada, sino porque no se sienten identificados con el lugar. Durante los seguimientos de observación que se hicieron en dicho lugar, Nosotros pudimos darnos cuenta que las personas que asisten allí generalmente van vestidas para  estar ahí, pues la mayoría no está ahí de paso, si no que entre sus planes estaba el ir a ese lugar. Está claro en el caso de nuestro investigador y en el de nuestras dos investigadoras que las personas que asistan a dicho lugar con una vestimenta o aspecto poco apropiado terminarán siendo marginados, ya sea porque los meseros se demoren más en atenderlos a ellos o porque las mismas personas que asisten allá comiencen a observarlos ya que desentonan con el sitio por no hacer parte de ese estereotipo “refinado” al cual ellos están acostumbrados.

Otro de los casos, el cual realmente es bastante común es el de los vendedores ambulantes, pues mientras en el Parque de Envigado no hay ningún tipo de control al respecto y cualquiera puede estar pidiendo dinero, vendiendo o hasta bailando por allí, en la calle 30Sur, nuestros observadores notaron que no había presencia alguna de vendedores ambulantes o de habitantes de la calle ya que al parecer uno de los vigilantes sirve como filtro para que éstos no puedan interactuar con los clientes. Incluso, con el ánimo de realizar encuestas en el sector, nuestras investigadoras hicieron la petición de realizar encuestas e los clientes, pero los dueños se negaron.

Tal vez ésta marginación social, tanto intencional como implícita, se deba no con el ánimo de ofender a quien es marginado, sino más bien, se ve con la intención de complacer a la mayoría, como en éstos casos, todavía hay un pensamiento demasiado estereotipado y algunas personas se sienten incómodas teniendo a un sujeto con gustos y aspectos diferentes al suyo lo cual termina por ser un problema para éstos restaurantes, pues si a la mayoría de su público le incomoda la presencia de alguien allí deben simplemente marginarlo y hacer que se vaya, todo esto argumentado bajo el pretexto de “El cliente tiene la razón”.

Al ir finalizando los días de visitas a los restaurantes de la calle 30SUR, en uno de los locales que no fue muy visitado pero igual forma fue analizado, hubieron algunos problemas con el registro fotográfico y la estancia para analizar todo lo que era la decoración. Al parecer la administradora no creía que éramos estudiantes que simplemente íbamos por un registro y era entendible la situación hasta que le mostramos la carta de la Universidad de Medellín que certificaba que lo hecho en el local era para fines académicos únicamente pero aun así la administradora seguía dudando de nosotros y nos volvimos a preguntar si era nuestra vestimenta la que nos hacía ver mal o si nuestra cara no era convincente para identificarnos como estudiantes. Pues esto llego al punto en que la administradora del local  llamará a su jefe para confirmar si realmente estábamos estudiando los lugares y como era de esperarse, Daniel no les había avisado y para nuestra gran fortuna él había salido del país. La mujer nos hacía demasiadas preguntas sobre quiénes éramos, que hacíamos con estás fotos y que pretendíamos hacer en ese momento en el local y nos sentimos extraños porque la desconfianza era tanta que para podernos dar el permiso tuvieron que llamar al mesero, Alberto quien ya nos reconocía afortunadamente y confirmo el mito de que conocíamos a Daniel y habíamos tenido contacto con él. Cuando por fin nos dieron el permiso uno de los meseros miraba lo que hacíamos muy disimuladamente tratando de arreglar sillas de los alrededores o simplemente parado al lado.

Como habíamos mencionado anteriormente la información de cada uno de estos lugares no se conseguía fácil ya que muchos interpretaban el proyecto como una excusa para robar, porque realmente todas las preguntas que nos hicieron y la inseguridad con la que nos atendieron fue increíble.

En  la calle de “buena mesa” tuvimos 2 marginaciones donde las dos se marcan de igual manera donde obviamente al preguntarles a las administradoras si se reservan el derecho de admisión y ellas con cara de susto contestan que este elemento no iba en los parámetros de los restaurante pues según ellas a los clientes se les atiende por igual sin importar su apariencia, edad, sexo o nivel socioeconómico. Este mito es mentira pues éste es un factor difícil de verificar solo mediante el instrumento de la entrevista y la observación participante ya que es políticamente incorrecto y además es ilegal.  La segregación se da en muchos lugares sin importar si es público o privado pero desde que las personas lo empiezan a notar puede ser una gran desventaja para estos restaurantes pues se supone que su deber es atender a toda persona por igual.