El
tema de la segregación o su manera amable de decirlo: “derecho de admisión”, es
algo transversal a todas las dinámicas sociales. Siempre se identificarán
quienes pertenecen y quienes no a un determinado lugar. Factores como la clase
socioeconómica, la vestimenta, el comportamiento, la apariencia y las formas de
pensar, los gustos y las prácticas sociales son diferenciadores y susceptibles
tanto de ser aceptado como rechazado por determinado fenómeno social que se
viva en un determinado lugar. No solo vimos diferentes de estos factores en
acción sino que durante nuestra observación participante pudimos vivirla en
carne propia.
Es
comprensible el recelo que pueden sentir los actores sociales cuando hay
alguien nuevo y éste se dedica a observar sin más. Bastantes preguntas deben
hacerse en la cabeza comenzando por quiénes son, qué hacen aquí y con qué fin.
Por supuesto, esto incomoda. Dos niñas observando todo y anotando en libretas
es algo definitivamente curioso y en ciertas realidades respecto a la
seguridad, puede ser alarmante. Aquí en la 30 solo suscita curiosidad y algo de
incomodidad. La tranquilidad casi perpetua que se vive en esta zona ha hecho
que sus visitantes se sientan confiados y seguros, caso que contrasta con lo
evidenciado en el parque de Envigado.
Notamos
como factores que afectaron la recolección de estos datos el sexo, la edad, la
apariencia física ligada a la vestimenta y la condición socioeconómica. Cada
uno de estos factores actúa de una manera particular en las reacciones de con
quienes interactuamos. En el sexo pudimos evidenciar que si bien no es un
factor de rechazo en el lugar como consumidor, pues se ven en los locales tanto
hombres como mujeres, sí lo es a la hora de ser entrevistadores y recolectores
de información.
Nuestro
grupo está conformado por dos mujeres y un hombre. Comparando información y la
forma como fue obtenida, notamos que hay cierta diferencia en la facilidad para obtener información y en
la disposición de los interceptados. En el caso femenino, cuando las
entrevistadoras/indagadores fueron mujeres,
se evidenció una mayor apertura por parte de los hombres. Todos los
hombres a quienes les pedimos una entrevista, accedieron gustosos y no
escatimaron en tiempo para contarnos sus historias. La apertura a que les
preguntáramos fue evidente desde el primer momento. La condición de mujer,
ayuda definitivamente. En contraste, al hombre del grupo le costó mucho más
conseguir información y quién se la quisiera dar. Aunque en este punto entra a
influir bastante el tema de seguridad en los dos lugares, fenómenos sociales
favoritistas y permisivos con las mujeres se ven en el caso, por ejemplo, de no
poder transportar un parrillero hombre en moto, pero sí mujer. Del mismo modo,
aquella falsa creencia de que solo los ladrones son hombres y que las mujeres
son más confiables en ese sentido se evidenció en ambos lugares. Aunque la
seguridad en la 30 Sur era muchísimo más alta que en el parque, las personas se
cohibieron más con el hombre que con las dos mujeres. Nuestros resultados y
experiencias nos encaminaron a esta conclusión.
La
evidencia de las mujeres se encuentra en
el momento de conseguir información sobre la seguridad de la calle 30SUR
pensando en lo difícil que iba para ser para ellas ya que por un lado le
quitaban a las personas tiempo de su trabajo y las podrían incomodar en el caso
en que no puedan dar información o por el siempre hecho de que piensen de que la
información es para fines negativos por otro lado la información de seguridad y
de todos los hechos que pasan en la
calle no es muy viable que todo el mundo la sepa y más si ellas preguntarían la
hora de cierre de los locales, se vería mal visto. Al llegar las mujeres
empiezan por buscar a seguridad privada pero los únicos personajes que
encuentran son los ayudantes de los parqueaderos VIP, van hacia uno de ellos y
le pregunta desde que horas se encuentra seguridad privada y sin ningún
problema el hombre responde que seguridad estaba en la calle siguiente, con una
sonrisa las mujeres se retiran y el hombre las despide. Al ver seguridad
privadas ellas se acercan sin ningún interés de ser coquetas para conseguir la
información y sin ninguna tatica entre manos le piden permiso de entrevistarlo
y el sin pensarlo dos veces dice que sí, muy amablemente responde a todas las
preguntas hechas, hasta espera para ver si falta algo en la lista al final
ellas quedan agradecidas y él les responde que para lo que necesiten él está a
la orden.
En
otra ocasión, al comienzo del proyecto, cuando las mujeres estaban comenzando a
detallar la calle, identificando su ambiente, los públicos y demás decidieron
comenzar a contactar a personas del lugar. María Santos fue el lugar escogido
donde afortunadamente encontraron la información que necesitaban en ese
entonces, cual uno de los meseros, Alberto, les ayudo sin ningún problema. Con
los días las mujeres volvieron y encontraron que Alberto estaba en otro
establecimiento, Juana la Cubana, donde él las reconoció al instante, sin darse
cuenta ellas habían conseguido un contacto con tan solo haberle hablado del
proyecto que hacían, Alberto fue quien las ayudo a tener la entrevista con
Daniel Hinestroza, uno de los propietarios de los 5 restaurantes que estaban
estudiando. Daniel al escuchar sobre que se trataba todo este proyecto fue muy
amable al dejarnos intervenir dentro de sus locales y empleados para conseguir
la mayor información que pudiéramos, sin mucha molestia él estaba dispuesto en
ese mismo momento a tomar la entrevista, ésta se fue más o menos de una hora y
a él no le molestaba en absoluto el tiempo.
Dejando
la ventaja que tienen las mujeres de lado, ellas también vivieron marginación
social por parte de Tepito, el restaurante mexicano. Era de noche y el lugar
estaba a estallar pero afortunadamente
ellas encontraron un lugar en la barra,
casi todas las personas que están alrededor de ellas las miran con
mezcla de curiosidad y recelo y pues como no lo iban a ser si tenían una
libreta donde todo lo que miraban lo anotaban. Con el pasar del tiempo, más o menos una media
hora en la barra, ningún mesero las atiende
ni las determinan, tanto es el extremo que solo pasan a la barra a
recoger los platos y vasos que han dejado otros clientes. Faltan 5 minutos para
que se cumpla una hora de estar sentadas y las mujeres deciden irse, un mesero
ve que se van y les pregunta si fueron atendidas y ellas solo salen del restaurante.
Durante
la recolección de datos que el hombre realizó debió de usar distintas técnicas
para volverse más confiable para las personas en cuestión, por dicho motivo,
algunas veces incluso, cambiaba su manera de hablar, de caminar o de mirar,
todo para generar una empatía con el entrevistado y de ésta manera lograr
realizar dicho proceso.
Al
inicio, como éste no estaba muy familiarizado con el entorno sociocultural que
se observaba en el parque le fue difícil mezclarse, e incluso durante sus
primeros acercamientos como observador, fue observado e identificado como ajeno
al parque, todo esto, mientras identificaba la dinámica social que allí se
vivía. Después de ya comprender el comportamiento y los públicos allí
encontrados optó por entrevistar a los encargados de cada local que nos parecía pertinente para el
análisis, identificándose como estudiante de la Universidad de Medellín y
explicando su interés acerca del nombre de éste, así fue más satisfactoria la
recolección de dicha información.
Respecto
a la marginación como tal que éste detalló, sucedió en los dos escenarios en
cuestión, pero en uno de ellos fue más notorio, mientras que en el otro, tal
vez se debió a una simple confusión.
Durante
la realización de las encuestas, como se mencionó en capítulos anteriores,
nuestro investigador se acercó a un par de mujeres las cuales en sus rostros se
notaba un poco de temor con respecto a la presencia de él, al pedir permiso
para realizar las encuestas, éstas se negaron pues argumentaron que en el
sector se estaba presentando “Sucesos extraños” y por dicha razón no deseaban
involucrarse; Lo curioso aquí, es que nuestro investigador iba como un simple
estudiante. Al lograr persuadirlas, éstas, al igual que todas las personas que
entrevistó, no quisieron recibir ni el lapicero ni el papel, si no que le pidió
a nuestro investigador que llenara él mismo las respuestas mientras ellos le
decían. Al terminar de entrevistar a éstas mujeres, nuestro investigador
recibió una llamada a su celular y éste se despidió de ellas y se alejó un par
de metros, inocentemente mientras hablaba giró a ver a las dos mujeres, las
cuales al parecer, notaron esto como algo sospechoso y se retiraron temerosas,
claro, todo esto referente a un problema
de seguridad en la zona, que según ellas “Estaban pasando cosas raras en
la zona” aunque realmente fueron las únicas que comentaron algo respecto a eso
durante la recolección de datos.
En
ésta misma zona, dos de nuestros investigadores tuvieron un inconveniente
bastante notorio y sucedió durante sus primeras visitas. Debido a que uno de
los públicos más polémicos del parque eran los borrachos, nuestros
investigadores (Uno hombre y el otro mujer) se dirigieron hacia la zona donde
más se reunían éstos y mientras llenaban sus libretas, varios de los jóvenes
que consumían allí alcohol u otras sustancias pasaban muy cerca de ellos con la
intensión de leer lo que estaban plasmando en sus libretas, claramente habían
notado que éstos no pertenecían a ésta zona y debían investigar sus
intenciones.
El
caso más notorio de marginación para nuestro investigador se presentó en la
panadería Andrés Bakery. Nuestro factor masculino de la investigación asistió
al sitio con una presentación no muy apta para el sitio, sin afeitar, sin
peinar, se le notaba un poco exhausto pues había terminado su jornada académica
y portaba un buzo rojo y bluejean, e iba con su maleta.
Al
sentarse en la panadería observó a una de las meseras hablando con una clienta
o amiga que estaba sentada en una de las mesas y ésta lo observó de manera
extraña, seguido de ello se inclinó hacia el interior del local y llamó a su
compañero para que atendiera a nuestro investigador, el mesero fue hacia él y
lo atendió amablemente. Después de llevarle el plato, éste se quedó parado en
la puerta del local observando mientras éste escribía en su libreta y comía uno
de sus productos hasta que llegaron otras personas y se vio obligado a
atenderlo. Justo en ese instante dejó de observar a nuestro investigador.
Es
posible que por la mente de éste mesero no pasara la idea de que éste fuese a
asaltar a alguien, pero si le pareció bastante extraño la forma de vestir y la
actitud expectante de nuestro investigador.
Mientras
en el Parque que de Envigado no es muy notorio que exista una segregación
mientras no se interactúe con otros actores sociales, ya que puedes ir allí con
la vestimenta o el estilo que desees y no serás segregado, en la calle 30 sur,
es muy posible que debas encajar en cierto tipo de cánones estereotipados
referentes a la manera de vestir y comportarse.
Como
se dijo en capítulos anteriores, éstos son sitios que por su estilo gráfico ya
tienen un público selecto y debido a ese mismo estilo también generan una
marginación hacia las personas que por su forma de ser y vestir realmente no
encajarían allí, no porque se les prohíba la entrada, sino porque no se sienten
identificados con el lugar. Durante los seguimientos de observación que se
hicieron en dicho lugar, Nosotros pudimos darnos cuenta que las personas que
asisten allí generalmente van vestidas para
estar ahí, pues la mayoría no está ahí de paso, si no que entre sus
planes estaba el ir a ese lugar. Está claro en el caso de nuestro investigador
y en el de nuestras dos investigadoras que las personas que asistan a dicho
lugar con una vestimenta o aspecto poco apropiado terminarán siendo marginados,
ya sea porque los meseros se demoren más en atenderlos a ellos o porque las
mismas personas que asisten allá comiencen a observarlos ya que desentonan con
el sitio por no hacer parte de ese estereotipo “refinado” al cual ellos están
acostumbrados.
Otro
de los casos, el cual realmente es bastante común es el de los vendedores
ambulantes, pues mientras en el Parque de Envigado no hay ningún tipo de
control al respecto y cualquiera puede estar pidiendo dinero, vendiendo o hasta
bailando por allí, en la calle 30Sur, nuestros observadores notaron que no
había presencia alguna de vendedores ambulantes o de habitantes de la calle ya
que al parecer uno de los vigilantes sirve como filtro para que éstos no puedan
interactuar con los clientes. Incluso, con el ánimo de realizar encuestas en el
sector, nuestras investigadoras hicieron la petición de realizar encuestas e
los clientes, pero los dueños se negaron.
Tal
vez ésta marginación social, tanto intencional como implícita, se deba no con
el ánimo de ofender a quien es marginado, sino más bien, se ve con la intención
de complacer a la mayoría, como en éstos casos, todavía hay un pensamiento
demasiado estereotipado y algunas personas se sienten incómodas teniendo a un
sujeto con gustos y aspectos diferentes al suyo lo cual termina por ser un
problema para éstos restaurantes, pues si a la mayoría de su público le
incomoda la presencia de alguien allí deben simplemente marginarlo y hacer que
se vaya, todo esto argumentado bajo el pretexto de “El cliente tiene la razón”.
Al
ir finalizando los días de visitas a los restaurantes de la calle 30SUR, en uno
de los locales que no fue muy visitado pero igual forma fue analizado, hubieron
algunos problemas con el registro fotográfico y la estancia para analizar todo
lo que era la decoración. Al parecer la administradora no creía que éramos
estudiantes que simplemente íbamos por un registro y era entendible la
situación hasta que le mostramos la carta de la Universidad de Medellín que
certificaba que lo hecho en el local era para fines académicos únicamente pero
aun así la administradora seguía dudando de nosotros y nos volvimos a preguntar
si era nuestra vestimenta la que nos hacía ver mal o si nuestra cara no era
convincente para identificarnos como estudiantes. Pues esto llego al punto en
que la administradora del local llamará
a su jefe para confirmar si realmente estábamos estudiando los lugares y como
era de esperarse, Daniel no les había avisado y para nuestra gran fortuna él
había salido del país. La mujer nos hacía demasiadas preguntas sobre quiénes
éramos, que hacíamos con estás fotos y que pretendíamos hacer en ese momento en
el local y nos sentimos extraños porque la desconfianza era tanta que para
podernos dar el permiso tuvieron que llamar al mesero, Alberto quien ya nos
reconocía afortunadamente y confirmo el mito de que conocíamos a Daniel y
habíamos tenido contacto con él. Cuando por fin nos dieron el permiso uno de
los meseros miraba lo que hacíamos muy disimuladamente tratando de arreglar
sillas de los alrededores o simplemente parado al lado.
Como
habíamos mencionado anteriormente la información de cada uno de estos lugares
no se conseguía fácil ya que muchos interpretaban el proyecto como una excusa
para robar, porque realmente todas las preguntas que nos hicieron y la inseguridad
con la que nos atendieron fue increíble.
En la calle de “buena mesa” tuvimos 2
marginaciones donde las dos se marcan de igual manera donde obviamente al
preguntarles a las administradoras si se reservan el derecho de admisión y
ellas con cara de susto contestan que este elemento no iba en los parámetros de
los restaurante pues según ellas a los clientes se les atiende por igual sin
importar su apariencia, edad, sexo o nivel socioeconómico. Este mito es mentira
pues éste es un factor difícil de verificar solo mediante el instrumento de la
entrevista y la observación participante ya que es políticamente incorrecto y
además es ilegal. La segregación se da
en muchos lugares sin importar si es público o privado pero desde que las
personas lo empiezan a notar puede ser una gran desventaja para estos
restaurantes pues se supone que su deber es atender a toda persona por igual.